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EL BAILE RUSO DE LA BELLA OTERO

Los Lumière, a pesar de que no vieron en un principio mucho futuro a su invento, o eso decían de cara a la galería, hicieron todo lo posible para que el cinematógrafo llegara a todos los rincones del mundo, rincones que se convirtieron también en objetivo de sus cámaras. Un centenar de operadores de cámara se desplazaron a los más remotos lugares en busca de vistas de las calles y, si estaba en su mano, andaban en busca de la noticia: la proclamación de un monarca, una visita real, la llegada de una personalidad a una ciudad o alguna representación teatral. Vistas y actualidades tuvieron a "directores" como Alexandre Promio o Félix Mesguich al frente, quienes no siempre lo tuvieron fácil para rodar sus filmes, especialmente las actualidades. Véase, si no, el contraste entre dos filmaciones de Félix Mesguich y sus consecuencias.

De verano de 1900 es esta plácida película, de bello encuadre y nítida imagen (aquí coloreada) rodada en una playa de Biarritz, en la que salvo un par de niñas que miran al frente a la cámara y un perro nada parece moverse demasiado. No parece que el operador tuviese muchas dificultades para rodar estas escenas del film número 1.220 del catalogo Lumière.



Más dificultades había tenido Mesguich en 1898 en rodar a la célebre Bella Otero (o Bella Otéro) bailando en San Petersburgo. No tanto por el rodaje en sí, sino porque las imágenes causaron un gran revuelo, al aparecer en ellas un oficial zarista. El escándalo condujo a la expulsión de Mesguich de Rusia y a la no inclusión del filme en el catálogo Lumière.



A su regreso a tierras francesas, Mesguich realizó los primeros filmes publicitarios de la historia, una especie de pósters animados al servicio de marcas de chocolate, bebidas de todo tipo, sombreros, moda femenina y lociones. Del primero de ellos, rodado en 1898, para la marca de pintura Ripolin, podemos ver aquí una parrilla de fotogramas.



No sé si Mesguich llegó a bailar fuera de cámara con la Bella Otero, pero sí me lo imagino dándose un baño en la costa francesa tras su filme de 1900. Seguramente no es así. El equipo que llevaba no era precisamente muy portátil y seguro que le debió llevar su tiempo recogerlo todo y preservar lo grabado, ese valioso documento que mucho tiempo después ha llegado hasta nosotros. 

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