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DOS STOP-MOTION DE SEGUNDO DE CHOMÓN

Recupero en parte el texto de una entrada de 2006 de mi anterior blog Pasión Silente para ofrecer enlaces al visionado de las dos películas de las que hablaba entonces y que me siguen fascinando.


La figura del técnico español Segundo de Chomón (1871-1929) se ha asociado en demasiadas ocasiones a los trucos cinematográficos por los que fue contratado en Francia y en Italia. De hecho, en esa faceta fue encasillado en su época. Pero Segundo de Chomón también fue un gran innovador en el terreno de la animación, desde muy diversas técnicas: las siluetas (mucho antes de que Lotte Reiniger triunfara con ellas), los muñecos, las figuras de arcilla, la animación de objetos o los dibujos animados. Sus dos títulos más célebres en este ámbito los hizo con muñecos: Le thêatre du petit Bob (1909), que hizo para Pathé, y La guerra e il sogno di Momi (1917), en su etapa italiana, donde colaboró de forma fructífera con Giovanni Pastrone.

En la primera de ellas, un teatrillo de muñecos nos ofrece varios números entre el deporte y el circo, como un combate de esgrima y otro de boxeo, un ejercicio con barras paralelas y acrobacias, cerrado con la presencia en el telón del gallo de la Pathé, ese símbolo que salía más o menos oculto en todas las películas de la productora como una marca de agua para evitar las copias piratas de la época. Aquí la enlazamos con una copia que ofrece la Filmoteca de Catalunya en su canal de YouTube.



Mayor complejidad ofrece la producción italiana, conservada por el Museo Nazionale del Cinema de Turín. De poco más de 20 minutos de duración, tiene dos partes claramente diferenciadas. En la primera, interpretada por personajes de carne y hueso, la carta de un soldado en el frente es leída por su familia. En ella les cuenta su amistad con un joven al que el enemigo destruye el hogar y cómo "los valerosos soldados italianos" reconstruyen su casa en poco tiempo. Las escenas de batalla, el incendio de la casa y el movimiento ordenado de los soldados sobre la nieve configuran a la película un gran acierto en cuanto a la recreación de un conflicto que en ese momento estaba de plena actualidad. El más pequeño de la familia, Momi, tras escuchar el relato y ponerse a jugar un poco, se queda dormido.

Aquí empieza la segunda parte, la del sueño de Momi: sus dos muñecos se empiezan a enfrentar y organizan a su alrededor ejércitos. Es de gran inventiva la aparición de los nuevos soldados, que cobran tridimensionalidad tras salir totalmente planos de un libro. Luego se describen batallas en diversos frentes, desde unas creíbles trincheras hasta el combate aéreo, junto al detalle minucioso de la tecnología de la guerra, aspecto éste en el que llama la atención la inclusión del gas tóxico, cuya utilización creaba una gran polémica en la época. No debió ser fácil para Chomón hacer creíble la escalada de los soldados por la montaña haciendo uso de sus bayonetas como puntos de sujeción, así como sincronizar las explosiones de los bombardeos o hacer que el pueblo visto desde arriba no pareciera lo que es, una maqueta. Tampoco el convencer de la viabilidad del producto, tanto por las semanas que debió emplear en la animación como por el espíritu poco favorable a tomarse en broma (el tono de la película es fundamentalmente lúdico) un conflicto bélico que aún estaba vigente.

Los dos muñecos rivales acaban su pelea en el pantalón de Momi, que se despierta alertado por un pinchazo en el pie, que él cree producto de una bayoneta, pero que es simplemente una astilla.




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