Ir al contenido principal

LA JOIE DE VIVRE (1934)

La sociedad de entreguerras mostró un desenfado y una mezcla de elementos de muy diversa índole que determinaron la modernidad. El arte déco fue uno de los mecanismos para dar cuenta del cambio de paradigma, con el que los jóvenes, y especialmente ellas, ponían patas arriba el mundo y costumbres heredados de sus padres. Las ciudades cambiaron, los medios de transporte, la industria y el papel de la mujer, como en los cuadros de Tamara Lempicka. 

La joie de vivre (1934), la colaboración animada más importante entre los artistas Hector Hoppin y Anthony Gross, uno británico y otro estadounidense afincados en Francia, es un claro compendio en blanco y negro de las propuestas del arte déco. A esos dos nombres hay que añadir el del compositor Tibor Harsanyi, cuya música acompaña desde el primer segundo el endiablado entusiasmo de dos muchachas que salen de la fábrica a disfrutar de su tiempo libre y a las que más adelante les acompañará un obrero. Espectáculo de danza entre líneas, figuras geométricas, tendidos eléctricos, vías de tren, pero también referentes de la naturaleza con los que los cuerpos, vestidos y desnudos, de las jóvenes se metamorfosean. El ritmo, ya de por sí trepidante, se acelera especialmente con la aparición del muchacho, que las persigue y que introduce además el motivo de la Cenicienta.



A ritmo de persecución también transcurre, esta vez en color, La caza del zorro (1936), siguiente colaboración de Hoppin y Gross. Un despreocupado y escurridizo zorro es perseguido no solo por los caballos y perros de la alta sociedad sino también por trenes, automóviles y otros símbolos del progreso. Lo viejo y lo nuevo se entremezclan y chocan siguiendo los pasos del trote del zorro. Que este trote justo sea el que dio nombre al foxtrot, un estilo de música y baile muy popular en los años 30, dota de un carácter claramente simbólico al personaje principal.


Comentarios

Entradas populares de este blog

DOS STOP-MOTION DE SEGUNDO DE CHOMÓN

Recupero en parte el texto de una entrada de 2006 de mi anterior blog Pasión Silente para ofrecer enlaces al visionado de las dos películas de las que hablaba entonces y que me siguen fascinando. La figura del técnico español Segundo de Chomón (1871-1929) se ha asociado en demasiadas ocasiones a los trucos cinematográficos por los que fue contratado en Francia y en Italia. De hecho, en esa faceta fue encasillado en su época. Pero Segundo de Chomón también fue un gran innovador en el terreno de la animación, desde muy diversas técnicas: las siluetas (mucho antes de que Lotte Reiniger triunfara con ellas), los muñecos, las figuras de arcilla, la animación de objetos o los dibujos animados. Sus dos títulos más célebres en este ámbito los hizo con muñecos: Le thêatre du petit Bob (1909), que hizo para Pathé, y La guerra e il sogno di Momi (1917), en su etapa italiana, donde colaboró de forma fructífera con Giovanni Pastrone. En la primera de ellas, un teatrillo de muñecos nos ofrece var...

PALABRAS, PALABRAS, PALABRAS (1991)

Nominado a los Oscar en la categoría de mejor corto de animación, Reci, reci, reci... (1991, Palabras, palabras, palabras... ) de Michaela Pavlátová se inscribe en la larga y sólida trayectoria de la escuela checa de animación y es una buena muestra de sus pilares: el humor nada ingenuo, su estética muy lejana a la factoría Disney y sobre todo su búsqueda de la universalidad, reforzada por la ausencia de diálogos o la utilización de un idioma inventado para estos que pueda entenderse, paradójicamente, en cualquiera idioma. Aún más paradójico esto último en el caso de este corto, pues se habla de las palabras en nuestras conversaciones sin utilizarlas, sustituyéndolas por su significación, su simbología, las consecuencias de su uso, sus malentendidos, su forma de hacer cosas nombrándolas en común, sus mensajes intercambiables, etc. etc. En el pequeño espacio de un café todos esos usos se mezclan por entre las mesas en las conversaciones y en las historias que se adivinan: un camarero e...

REBOBINANDO: CORTOS EN RETROSPECTIVA

Hace unos meses tuve la oportunidad de ver la película checa Happy End (1967) de Oldrich Lipský. Esta comienza en el momento en que un hombre sentenciado a muerte y ejecutado por el asesinato de su mujer resucita y relata su vida desde entonces, una autobiografía rebobinada, donde hechos y diálogos adquieren nueva perspectiva, siempre desde el humor negro. Así, por ejemplo, el descuartizamiento de su mujer en la bañera y posterior traslado en una maleta es visto y narrado como si hubiese recibido en casa una maleta con piezas de una mujer que se unían mejor en una bañera. El espectador además de aplaudir las numerosas muestras de ingenio del guion se pasa la película jugando a ver y comparar las dos líneas del tiempo que se le presentan y cómo quedarían los diálogos y los hechos en el orden correcto. A pesar de que no era muy larga, pensé que ese tipo de ejercicio retrospectivo de narrador y espectador podría darse de forma más intensa en un corto. Y así es en los tres cortos que ...