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LAS DANZAS SERPENTINAS Y SUS PARODIAS


En los años de los primeros inventos propiamente cinematográficos, el kinestocopio de Edison, el bioscopio de los hermanos Skladanowsky y el cinematógrafo de los Lumière, dos bailarinas rivalizaban en los teatros en popularidad: Isadora Duncan y Loïs Fuller. Esta última fascinaba sobre todo por sus espectáculos de danza, color y electricidad, en los que imitaba el movimiento y colorido de las mariposas y de las serpientes. En la necesidad del cine de mostrar el cuerpo en movimiento y al mismo tiempo trasladar a la pantalla lo que se podía ver en los escenarios, las danzas serpentinas se convirtieron de inmediato en un tema muy popular, que de unas compañías a otras, de Edison a la Pathé, se copiaban. Más aún cuando se quiso experimentar con el color. Eran un vehículo perfecto y llamativo para ello.



Annabelle Moore fue la primera de esas bailarinas serpentinas para la Edison, aunque pronto quisieron contar con la creadora original de esas danzas, Loïe Fuller, para algunas de las cintas de la Pathé, o de algunas de sus imitadoras, pues la presencia real de esta bailarina, homenajeada en La danseuse (2016), no siempre ha sido confirmada.



En el siguiente enlace de Youtube puede verse una antología de esas películas, desde 1895 y 1908.

Paralelamente, y también de forma muy temprana, se firmaron algunas danzas serpentinas ejecutadas no por bailarinas, sino por animales, fundamentalmente perros. Más que la parodia de un tema cinematográfico se trataba de la filmación de un espectáculo ya presente y popular en los teatros, parodia de los números de danza que podían verse en los escenarios.

Dos ejemplos de ello: una producción británica de 1895, realizada por Birt Acres, y otra, producida por los Lumière en 1897.

Una curiosa mezcla de animales y danza serpentina, que demuestra que estos números de baile pueden fascinar al más fiero de los animales, es una película de 1900 de la directora Alice Guy. 

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